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Tuesday, April 19, 2016

Donde descansan los ideales


Existe un pequeño país, minúsculo e insignificante, que insiste en mantener vivos los ideales del comunismo soviético. Es un país en el cual los dirigentes sostienen el discurso cerrado y ortodoxo de los sóviets, mientras se mueven en Mercedes Benz y BMW del año. En sus muñecas ostentan costosos Patek Phillipe.

En las escuelas se enseña que el futuro pertenece por entero al socialismo y en una, nombrada Che Guevara, aseguran que con el triunfo del socialismo en todo el mundo, hasta los cataclismos ambientales podrán ser controlados. Se enfatiza la importancia de los estímulos morales, pero la cúpula gobernante está abierta a negociar con el mejor postor siempre y cuando el capitalismo quede en sus manos.

En ese pequeño país hay gente que insiste que hubo tiempos mejores, cuando el socialismo todavía campeaba por sus respetos, y añoran la utopía. El presidente ha sido electo por unanimidad varias veces y la neolengua domina el discurso cotidiano.

Pudieran pensar, viniendo de donde vengo, que me refiero a Cuba. Pero no, me refiero a Transnistria, un pequeño país fronterizo entre Ucrania y Moldavia. Por un tiempo perteneció a Ucrania como región autónoma y cuando se creó la Moldavia soviética en 1940, pasó a ser parte de ella, pero cuando los moldavos se independizaron y adoptaron el rumano como lengua oficial, los transnistrios, decidieron ser fieles al idioma ruso y se declararon independientes de Moldavia.

Hoy en día Transnistria es internacionalmente reconocida como parte de Moldavia, excepto por Rusia, Osetia del Sur, Abjazia y Nagorno-Karabaj, que la reconocen como república independiente. Sus regiones montañosas, que en 1941 sirvieron de refugio a miles de judíos que escapaban de la ocupación nazi en Ucrania, hoy sirven de zonas de comercio para bandas de narcotraficantes y mercaderes de armas. En sus zonas bajas, esteparias, pululan los restos de inmensas estatuas de Lenin, Stalin y otras figuras de la antigua U.R.S.S. Muchos de quienes controlan el comercio ilegal, son antiguos generales soviéticos, que se adueñaron de casas y dachas cuando cayó el Muro de Berlín.

Transnistria vive una dinámica de cambios controlados en una era postsoviética pero bajo un gobierno sovietizador. Existe un grupo de jóvenes que se mueven entre una burocracia más flexible y una apertura al capitalismo, pero todo se limita a beneficiar a la cúpula dominante y muy poco se extiende al pueblo. La miseria es lo más generalizado. Transnistria no siendo Cuba, puede ser su imagen especular.


Roberto Madrigal

Sunday, April 3, 2016

La confundida mente del dinosaurio


En realidad no valdría la pena comentar el artículo de Ambrosio Fornet titulado Nación, cultura nacional y ciudadanía, si no fuera porque apareció primero en La Jiribilla, ese vocero oficial de la cultura estatal cubana y luego ha sido reproducido en varios blogs gubernamentales como La pupila insomne, entre otros. Eso quiere decir que este es un artículo ordenado desde bien arriba y que refleja lo que preocupa a los ideólogos y burócratas culturales de la isla, ante el acercamiento de los Estados Unidos y la pérdida de la excepcionalidad que se les avecina.

Ambrosio “Pocho” Fornet es uno de esos intelectuales muy bien formados desde antes de la revolución, con estudios en universidades americanas (Universidad de Nueva York en este caso), que se montaron al barco de los hermanos Castro para prestar sus servicios a cambio de cierta relevancia y de poder ganarse la vida sin tener que hacer otro tipo de trabajos. Todo un dinosaurio.

Fueron los responsables de crear la imagen de Cuba como una sólida plaza cultural y se dedicaron a narrar la supuesta epopeya y a elaborar el discurso que apoya la construcción del socialismo y el hombre nuevo. Entre ellos se encontraban Guillermo Cabrera Infante y Fausto Masó (quienes rectificaron a tiempo), Heberto Padilla y Carlos Franqui (víctimas del engendro un poco más tarde), Lisandro Otero, Pablo Armando Fernández, Roberto Fernández Retamar y Salvador Bueno (que como solía decir Lezama, ni era bueno ni era salvador), entre tantos otros.

Fornet, un hombre que en privado es una persona agradable, culta y generosa con sus conocimientos, hace muchos años que se convirtió en un inteligente emisario de la política de la UNEAC. Ha ganado cuanto premio se puede ganar en Cuba, incluyendo el Premio Nacional de Literatura de 2009, pero muy pocos, aparte de sus contemporáneos, pueden recordar el título de alguna obra suya. La más conocida la escribió en 1967, los ensayos de crítica literaria reunidos bajo el título de En blanco y negro. Fue, junto con Pastor Vega, responsable del guión de Retrato de TeresaSu mayor logro fue acuñar el término “quinquenio gris”.

El ensayo refleja la frustración de que tras seis décadas, no se ha podido realizar el “proyecto de Nación que solemos definir como martiano y socialista”. Lo que se le escapa a este vendedor de utopías es que una nación, ni tampoco una ciudadanía o una identidad nacional, se forman por decreto. Esto es un proceso complejo de influencias sociales, étnicas, religiosas, culturales, económicas y políticas que en un caos ordenado van conformando a la gente.

Comienza preguntándose lo que tiene que ver él, en los años 50, “un joven blanco de clase media, oriental…recién graduado de bachiller, ¿concibo mi cubanía…en los mismos términos que el joven negro, hijo de obreros nacido y criado en Regla…que no llegó a terminar la primaria?”. Entonces se responde aludiendo a que aparte de la “memoria colectiva” comparten una “serie de principios y valores- baste pensar en la tríada libertad, igualdad y fraternidad, por ejemplo-…la sinceridad y la honradez…” Y aquí está ya su primer error, porque esos conceptos no tienen nada que ver con la cubanía en específico, sino que son valores universalmente aceptados en el mundo occidental moderno, cuya “universalidad” está hoy mismo siendo cuestionada. Sobre todo el respeto universal a esos valores.

Después salta veloz al hecho que durante la lucha insurreccional, tanto “ricos como pobres, tanto blancos como negros…se habían ganado juntos la ciudadanía en los campos de batalla o contribuyendo…al triunfo de las armas y las ideas insurrectas”. Con lo que vuelve a errar en su generalización, sobre todo en lo que respecta a los negros y a los pobres. Para no mentar la exigua cifra de personas que participaron en ese movimiento.

Luego pasa a los efectos del plattismo y el complejo, representado por el ideario de Estrada Palma, de que los cubanos “incapaces de gobernarse a sí mismos, necesitaban tutores…” Algo que sí tiene una influencia en esa mentalidad que aún prevalece en demasiados cubanos quienes esperan que sus problemas los resuelvan desde afuera, que en parte se nota en la gran esperanza que pone el pueblo cubano en la visita de Obama. El problema es que a partir de ahí generaliza y limita ese efecto como el problema fundamental de la “república” hasta el año 1959. Sin mencionar que la Enmienda Platt se revocó en 1934.

De ahí se enfoca en lo que él llama el platismo, o sea, la corrupción a todos los niveles que estos puristas ideológicos quieren atribuir al capitalismo y sus variantes locales. Ese es un patrimonio universal de la humanidad. Fornet advierte sobre el peligro que ahora se cierne sobre los cubanos, ya que con la llegada de los americanos, esta corrupción puede aumentar al cobrar valor el dinero. Señala que no hay nada oculto en el discurso de Obama, ya que sus objetivos son claros, porque “piensan utilizar contra nosotros…en el marco de la lucha ideológica…imágenes e ideas, signos y mensajes potenciados por las nuevas tecnologías de la comunicación, que tendrán efectos corrosivos o disolventes sobre nuestras posiciones políticas”.

Cabe preguntarse, cuán frágil es un sistema político, supuestamente justo, que ha intentado crear un ciudadano y una nación socialista y martiana, qué después de tanta gesta y tantos gestos durante 57 años (más de los que tuvo la “República”, ya que siempre insisten en esa dicotomía), se puede desmoronar en pocos meses.

Claro, al final tiene que mostrar optimismo, ya que responde positivamente a la pregunta que él mismo se hace: “¿Seremos capaces de afirmar nuestra identidad cultural con la misma firmeza con que afirmamos nuestra soberanía durante todos estos años?” Vacío lenguaje de barricada, repleto de presupuestos falsos. Lo único que se ha afirmado en Cuba en todos estos años es la dictadura. Y lo que se ha hecho ha sido a golpe de censura y represión.

La nación cubana se formó con españoles, esclavos africanos, haitianos, jamaiquinos, chinos y unos pocos de otras nacionalidades a lo largo de los siglos. Los americanos, ya desde mediados del siglo diecinueve, nos desespañolizaron, sin que por ello los cubanos seamos los que de toda Latinoamérica, nos parezcamos más a los españoles. Adoptamos muchas de las costumbres americanas, desde parte de su lenguaje, hasta sus pasatiempos y aspiraciones económicas.  Nadie lo decretó. Pero este asunto es mejor dejarlo en manos de los antropólogos.

Eso lo olvida convenientemente Fornet, porque el hombre que su gobierno quiso forjar, se hizo a partir de la negación de toda la nacionalidad anterior, de ahí a que aún insisten en dividir al país en antes y después del 59 (una división válida en ciertos aspectos, pero no en el de la ciudadanía).

El concepto de nación y de identidad nacional es muy complejo. Fornet ni se atreve a tocar Miami, donde la identidad nacional está casi más viva que en la isla. La era global y el desarrollo de las nuevas tecnologías, que permiten la comunicación entre varios puntos del planeta, rompe barreras y crea nuevas concepciones. La Nación-Estado es un concepto viejo que no funciona en todas partes, nada más que hay que echar un vistazo a los conflictos actuales en Europa, Asia y Africa.

Cuba es una nación muy joven. El cubano, carente de una base indígena sobre la cual desarrollar su identidad, es algo complicado. No te preocupes tanto “Pocho”, o quizás sí, preocúpate, tanto tú como tus jefes, porque ese proyecto absurdo de hombre socialista, que no es más que una versión caribeña del homo sovieticus, artificial y ajeno, abortó hace rato. La era no parió, sino abortó un corazón. Parafraseando al Juez de la Corte Suprema Potter Stewart cuando en 1964 se le pidió que definiera la obscenidad: Yo no sé lo que es un cubano, pero lo reconozco en cuanto lo veo.


Roberto Madrigal

Thursday, March 17, 2016

Beaker Street


No sé decirles cómo fue, ni exactamente qué pasó. Uno se cree que siempre va a recordar los momentos importantes de su vida, pero en realidad lo difícil es dilucidar en su momento si este tiene importancia.

Ocurrió, ahora que lo recuerdo, en algún lugar de la prehistoria de las comunicaciones. Mucho antes de que existiera el mundo virtual, o las comunicaciones vía satélite. Ni siquiera, al menos en nuestro mundo, existía la frecuencia modulada. Pero una noche, ya algo tarde, poco después de que dieran las diez, a finales de 1966 o principios de 1967 (como les digo, el recuerdo del comienzo es vago), en mi viejo radio Zenith, solamente con frecuencia AM, cuando las emisoras cubanas perdían potencia, se coló una emisora americana, de un lugar que parecía tan distante como otra galaxia, Little Rock, con unos espectrales sonidos de fondo que sugerían una nave espacial perdida más allá del sistema solar.

La emisora era KAAY, el programa se llamaba Beaker Street y el disc jockey, que se nombraba Clyde Clifford, tenía un hablar pausado, como alguien en estado avanzado de embriaguez, anunciaba que este era: “Beaker Street, un servicio de música underground que ofrecía KAAY desde Little Rock, Arkansas”. Aquella primera irrupción (de la que cada cual tendrá su recuerdo particular), comenzó una larga fiesta referencial nocturna para los roqueros cubanos, fueran músicos, fanáticos o simplemente diletantes.

La voz corrió rápido y las calles habaneras quedaron vacías de pepillos a partir de la diez de la noche. Los que tenían radios se quedaban en sus casas y los que no tenían, se iban a visitar a quienes los tenían, para reunirse allí hasta que el programa terminara ya entrada la madrugada. Esos aquelarres de melenudos, sazonados con alcohol, eran un dolor de cabeza diario para los miembros de los Comités de Defensa de la Revolución.

Al día siguiente, el programa era tema obligado en los patios de las secundarias básicas y los preuniversitarios. Hasta ese momento, estábamos limitados a oír, en placas clandestinas o en viniles que traían quienes podían viajar o tenían un pariente que lo hacía, música de los Beatles, los Rolling Stones, los Dave Clark Five, los Bee Gees y otros grupos populares y de atractivo comercial, que también se escuchaban por el día en las emisoras de Miami que entraban con facilidad como WQAM primero y WGBS después. Pero aquí se nos abría todo un universo inesperado.

Era el rock psicodélico, al cual indistintamente llamábamos rock underground, rock sinfónico o rock ácido. Caminando por Beaker Street, que transmitia álbumes completos, canciones interminables y todo sin interrupciones comerciales, nos llegaron, entre otros, Traffic, Pink Floyd, los Yardbirds, los Moody Blues, Grateful Dead, Electric Prunes, Frank Zappa and the Mothers of Invention, Jefferson Airplane, los Doors, Big Brother and the Holding Company, Donovan, King Crimson, Cream, The Jimi Hendrix Experience y Janis Joplin.

No entendíamos mucho, aunque nos creíamos que nos la sabíamos todas. Pero de ahí, nuestros intereses culturales se ampliaron a otras áreas como la literatura y el cine, ya que aquello nos ponía en contacto con Jack Kerouac, Allen Ginsberg, William Burroughs, Ken Kesey y todo el movimiento de la contracultura americana, así como a las figuras de Aldous Huxley y Arthur Koestler. Nos empezamos a imaginar las películas de Polanski (una especie de nuestro héroe existencial pues vimos en Cuba su Cuchillo en el agua y después supimos que se había exilado) que no veíamos, como Rosemary’s Baby y las todavía más míticas The Shooting, Ride in the Whirlwind y Easy Rider, por ser del movimiento underground que solamente se nos permitía imaginar.

De repente nos sentíamos muy importantes, porque guardábamos un secreto a voces que nos hacía poner en peligro nuestros estudios y nuestro futuro. Ya éramos más conocedores de “la música del enemigo” y disfrutábamos el efecto bueno que tiene la censura en el censurado, ya que le da importancia al considerarlo como enemigo peligroso. Eso nos llenaba de orgullo. Un arrebatado le escribió a Clyde Clifford y a partir de una noche, todos los días escuchábamos su saludo: “Greetings to the Cuban audience”.

No que fuera fácil, muchos en realidad perdieron su futuro y su libertad por el simple hecho de escuchar esta música y perseguir la literatura de la contracultura americana. Ahora puede que uno mire con nostalgia acaramelada, pero entonces, para unos jóvenes ingenuos, muchos ni siquiera mayores de edad, las consecuencias fueron funestas. Eramos, en realidad, rebeldes sin causa, pero fuimos encausados.

No sabía entonces, lo supe mucho después, que Clyde Clifford se llamaba verdaderamente Dale Seidenschwarz, ni que la música de fondo que acompañaba al programa era la compuesta por Henry Mancini para la película Charade una de las pioneras del movimiento psicodélico. Me imaginaba, aunque no estaba seguro, que el nombre Beaker era una alusión al LSD, a ese vaso de precipitación que se usa en los laboratorios químicos y en el cual se preparaba esa droga.

Ya a principios de los setenta, nos enteramos, en las semanas finales del programa, que Guillermo Cabrera Infante había escrito el guion de un filme psicodélico, Wonderwall (1968) del cual la música era de George Harrison, y nos sentimos aún más cómplices de la psicodelia.

Beaker Street terminó su primera y fundamental etapa en 1972. Clyde se fue de ahí y otros continuaron con menos éxito y ya ni le hicimos caso. En los noventa, Clyde Clifford, ya oficialmente para todos Dale Seidenschwarz, reinició el programa en formato diferente y una vez a la semana. La última emisión de Beaker Street fue el 17 de febrero de 2008.

Ahora que todos van y que los Rolling Stones, de quienes Beaker Street transmitió principalmente The 19th Nervous Breakdown y Paint It Black, sus canciones más psicodélicas, están al dar un concierto gratis en donde antes estuvieron prohibidos, me vinieron a la mente estos recuerdos, que ahora los puedo digerir con agradecimiento, pero que entonces me abrían pasadizos prohibidos y un entendimiento peligroso. Beaker Street, sin proponérselo y sin saberlo, nos llevó a muchos a transitar, dando palos de ciego, por una cultura que se nos negaba y se nos presentaba como satánica. Nos conminó a enfrentar un desafío necesario. Si esta noche cierro los ojos y pienso en entonces, solo veo una noche cerrada y una sensación de mucho miedo.


Roberto Madrigal

Monday, March 7, 2016

Conmiseración por el diablo


But what’s puzzling you
Is the nature of my game, oh yeah, get down, baby.

Con cincuenta años de retraso llegan a La Habana “Los chicos malos del rock and roll”, ahora convertidos en “Los ancianitos malos del rock and roll”. Todo un espectáculo para arqueólogos y especialistas en momias vivientes.

De longevidad probada, hasta hace diez años los Rolling Stones fueron la única banda de los años sesenta que se mantuvo componiendo canciones nuevas para el gusto de la juventud y cuyas canciones llegaban a los primeros lugares del hit parade. Es probable que los grupos de pop y rock moderno están más influenciados por ellos que por los Beatles. Mick Jagger es el icono de la eterna juventud y de la rebelión adolescente. Maroon 5 tituló una canción “Got the moves like Jagger” y Kesha en “Tik Tok” dice que no acepta a ninguno de esos muchachos que le caen atrás y “les da una patada a no ser que luzcan como Mick Jagger”.

Pero eso fue en 2011, en los últimos cinco años, los enérgicos septuagenarios Stones originales (Ronnie Wood, el pichón de solo 68 años se sumó a la banda en 1975), han perdido mucho de su lustre. Ya no componen nada nuevo que valga la pena, sus giras, como las de las demás bandas de los sesenta, se dedican a repetir éxitos pasados (no se les puede criticar, después de todo, los compusieron ellos), meramente en busca de más dinero. Han pasado a ser parte oficial del establishment del glamour de las revistas del corazón.

Yo me alegro que vayan y toquen de gratis. Al menos le harán la noche a alguno de aquellos viejos roqueros a los que no se le permitió, por decreto gubernamental de la casta aún dominante, oírlos libremente. No creo que queden muchos fieles, la mayoría anda por estos lares, pero espero que los disfruten los que queden.

No tengo idea de cómo se hará para entrar. El hecho de que los presenten en un sitio cerrado me hace pensar que querrán controlar la entrada de sus súbditos y convocarán a todas las organizaciones de masa para que asistan ordenadamente y así minimizar la asistencia de los fieles roqueros. Porque por supuesto, los Stones han influenciado a muchas generaciones más jóvenes que la de los viejos roqueros aplastados por el sistema. Pero este tipo de espectáculo le da dolor de cabeza al Ministerio del Interior, siempre corre el peligro de que el vulgo se desate en algo imprevisto.

No sé, si yo aún viviera en Cuba (cosa que me cuesta trabajo imaginar), fuera a verlos. Fui de esa generación para la cual escuchar esa música era arriesgar los estudios, ser llamado al Servicio Militar Obligatorio, o a la UMAP y perder de por vida toda oportunidad de tener una carrera. A muchos les pasó. Para mí los Stones, asi como los Who, Led Zeppelin, Grand Funk Railroad, Buffalo Springfield, Beatles, Traffic, Cream y tantos otros, no solamente tenían la efervescencia del momento, sino el añadido encanto que les daba la censura. Me servían como definición ideológica y le daban causa a  mi rebeldía.

A estas alturas ya no me entusiasman. Los he podido ver aquí y no lo he hecho. No soy proclive a la nostalgia. Al menos en 1979 durante el Havana Jam, en el cual a pesar de todas las restricciones y controles pude colarme las tres noches gracias a los buenos oficios de un amigo entonces yugoslavo (ahora croata), Weather Report, John McLaughlin, Tony Williams, Jaco Pastorius y Billy Joel estaban aún en su mejor momento y mantenían su condición de censurados hasta ese día. Incluso fue un concierto rigurosamente vigilado. Hoy en día, aquí, prefiero ir a ver a The Black Keys, a Gary Cole Jr., a Alabama Shakes o a Linkin Park.

Quizá me molesta que los Stones vayan ahora cuando está de moda ir. Mucho después que Audioslave, un grupo americano y que por entonces, en 2005, estaba en pleno apogeo, tocara en el protestódromo, una plaza abierta más difícil de controlar (y como ejemplo  está el reciente concierto de Major Lazer y Diplo, aunque no son bandas de rock). Eso los hace un grupo más que se suma al barullo.

No creo, como piensan muchos exilados, que la ida (o no) de los Stones tenga ningún tipo de influencia en el destino del gobierno de los Castro. Ni que su concierto legitime nada (ellos están legitimados por casi sesenta años en el poder). Pienso, al contrario, que para el dictador sin discurso, el hombre que dirige ahora una satrapía sin épica, el hombre sin carisma, esta es una concesión necesaria para dejar que se escape un poco de frustración de las masas, para ahogar el descontento esta vez a ritmo de rock and roll. Es una suerte de derrota ideológica en un país en el cual la ideología funcionó como forma de represión y de la cual (de la ideología, no de la represión), ya queda poco. Visto así, el concierto es parte del sainete.

Quiero pensar que quizá por eso van Mick, Charlie y Keith, por esa inclinación que siempre han tenido de conmiserar a los tiranos del este (¿o a los oprimidos?), ya que tocaron en Varsovia en 1967 y se les negó presentarse en Moscú dos años después. Como expresaban, cuando eran Jagger, Richards, Watts, Wyman y Brian Jones: “So if you meet me/Have some courtesy/ Have some sympathy and some taste/…Use your well learned politesse/Or I’ll lay your soul to waste, mm yeah”.

Quizá esta vez los viejos roqueros que hayan podido llegar al espectáculo, piensen que los versos son dedicados al tirano y en su fuero interno sientan que se han desquitado, que finalmente se ha hecho justicia poética.


Roberto Madrigal

Friday, February 26, 2016

Predicciones de los óscares


Este domingo 28 de febrero vuelve la fiesta de Hollywood. Como en los cinco años anteriores, trataré de apostar o adivinar los premios de la academia en las siete categorías principales, que son, a mi consideración: Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor Estelar, Mejor Actriz Estelar, Mejor Actor Secundario, Mejor Actriz Secundaria y Mejor Película en Lengua Extranjera. En 2011 predije correctamente cuatro de los siete. En 2012 acerté en cinco. En 2013 volví a predecir cuatro ganadores. En los dos últimos años adiviné seis de siete. No creo que repita ese acierto.
Estas predicciones no tienen que ver necesariamente con mi gusto personal. Llego a ellas en base a una serie de indicadores, como galardones obtenidos por los filmes nominados en otras premiaciones anteriores como los Globos de Oro, los premios BAFTA y los premios que conceden los sindicatos de actores y de directores de Hollywood. También reviso la historia de los óscares en los últimos años para detectar tendencias y favoritismos. No es una ciencia exacta y a veces las cosas se enredan, pero es posible acercarse bastante a los resultados si uno analiza estos detalles. De nuevo, como el año pasado, este es un año difícil en un par de categorías, pues en la mayoría de ellas los premios anteriormente mencionados los han ganado los mismos nominados.
Mejor actriz secundaria: Este año, esta es una de las categorías más fáciles de predecir. Kate Winslet, por su trabajo en Steve Jobs, se ha ganado todos los premios hasta ahora concedidos, excepto por el del sindicato de actores, que se le concedió a Alicia Vikander por The Danish Girl. Winslet está muy bien en su papel y es lo más seguro que gane también el premio de la Academia. No creo que el resto de las nominadas tenga chance. Winslet ganó un Oscar por mejor actuación estelar por The Reader y es una favorita de Hollywood. Vikander pudiera sorprender, pero lo dudo.
Va a ganar: Kate Winslet. Debe ganar: Kate Winslet.
Mejor actor secundario: Esta es probablemente la categoría más difícil de escoger. No se han repetido ganadores en los premios anteriores. Sylvester Stallone, que no ha sido nominado desde Rocky en 1977, ganó el Globo de Oro, Mark Rylance ganó el BAFTA muy merecidamente por su actuación en Bridge of Spies, Idris Elba ganó el del sindicato de actores y no está ni siquiera nominado. Tom Hardy es el mejor de todos en lo que debió ser una nominación estelar, pero no creo que gane. Pienso que por la inclinación al sentimentalismo de Hollywood, se le dará a Stallone.
Va a ganar: Sylvester Stallone. Debe ganar: Tom Hardy
Mejor actriz en papel estelar: Aunque en esta categoría cualquiera de las nominadas se merece el premio, todo parece indicar que Brie Larson se va a llevar la estatuilla sin discusión. Ha ganado todos los otros premios.
Va a ganar: Brie Larson. Debe ganar: Brie Larson.
Mejor actor en papel estelar: De nuevo, todos están muy bien y el premio nunca iría a parar a manos equivocadas, a no ser que se lo van a dar al que menos se lo merece, a DiCaprio, quien ha ganado todos los premios, ya que le están pagando una deuda.
Va a ganar: Leonardo DiCaprio. Debe ganar: Michael Fassbender.
Mejor película en lengua extranjera: Por lo general, este premio lo gana la película que una mayor cantidad de miembros de la academia pueden ver. Este año han nominado películas que ni siquiera se han estrenado. Sin embargo, las he podido ver todas con excepción de la colombiana, El abrazo de la serpiente. Pienso de todos modos, que la ganará Son of Saul, la húngara
Va a ganar: Son of Saul  Debe ganar: Son of Saul.
Mejor película: En una situación parecida al año pasado, la selección de la mejor película pienso que se deberá a lo que los votantes decidan hacer con Room y con The Revenant ya que ambas están nominadas como película y como director. The Revenant ha ganado todos los premios, asi que pienso que ganara aquí sin dudas..
Va a ganar: The Revenant. Debe ganar: Brooklyn.
Mejor director: Dejo esta categoría para última porque dada la predicción anterior, se convierte en su complemento. Pero Hollywood está babeado con Iñárritu y quizá romperán sus rutinas. Me arriesgo.
Va a ganar: Alejandro González Iñárritu. Debe ganar: Lenny Abrahamson
Roberto Madrigal

(Este trabajo sale también en Cubaencuentro)



Sunday, February 14, 2016

Cuando las instituciones fallan


Este año es probable que el electorado americano tenga que decidirse entre un hombre que pide restaurar a América su grandeza perdida y otro que dice que hay que darle a América la grandeza que nunca ha tenido. O sea ambos dirigen su discurso a unos electores frustrados con el estado de las cosas.

Además se ufanan de no ser producto del establishment, lo cual es cierto. Trump jamás ha ocupado un cargo público, Sanders, por su parte es un político independiente, aunque su reclamo de no ser parte del gobierno es en parte falso, ya que es senador de Vermont desde el año 2007 y fue congresista desde 1991 hasta 2007.

Curiosamente, ambos ofrecen una imagen que no es la del gusto del votante tradicionalista y mucho menos de los conservadores comme il faut. Trump se ha casado tres veces, dos de ellas con mujeres procedentes de la antigua Europa socialista. Sanders se ha casado dos veces y ¡oh, horror de horrores! Tuvo su único hijo con una novia con la que nunca se casó. Para agravar aún más la cosa, Trump es un presbiteriano resbaloso, pues practica su religión con mucha flexibilidad. Sanders es un judío de origen polaco que, a pesar de pasar un tiempo en un kibutz, no es religioso y no pone por delante su judaísmo, al contrario, le gusta presentarse como un “hijo de inmigrantes polacos”. Su esposa actual es católica.

¿Cómo es que se ha llegado al punto de que dos hombres que rompen completamente con la imagen tradicional del político americano se encuentren entre los probables candidatos a la presidencia? Que conste que esto no es del todo malo, añaden colorido a la contienda y obligan a los políticos de costumbre a mirarse bien ante el espejo.

En las democracias lo más importante es el funcionamiento de las instituciones que la componen. La presidencia americana sufrió un gran golpe con el escándalo de Watergate, no solamente Nixon quedó manchado, los futuros presidentes serían y serán, objetos de sospecha y desconfianza. No fue un hecho que mostró lo corrupto que podía ser un político, sino como se podía ejercer la manipiulación desde la presidencia.

La guerra de Irak fue otra debacle. Un presidente nos llevó a una contienda costosa, que llevó al país al borde de la bancarrota, basado en la tergiversación de una evidencia más que cuestionable que ha sumido a toda una región en el caos por ya más de una década.

Si trabajo le estaba costando al país recuperarse, la crisis bancaria y de bienes inmobiliarios fue otro golpe duro que mostró el lado más horrible y corrupto de las instituciones financieras, incluyendo las más serias. Las instituciones financieras de Estados Unidos colapsaron de la noche a la mañana tras años de prácticas en las cuales los consumidores resultaban peones que sacrificaban a su beneficio.

El crecimiento del mundo corporativo, que se expande como una epidemia agresiva, va ahogando las posibilidades de un mercado libre y de los pequeños propietarios. La clase media, que es el sustento de la nación, se achica. Ninguna institución gubernamental de carácter local, estatal o federal toma ninguna medida para favorecerla y evitar el avance desmesurado de los grandes monopolios, esas entidades incorpóreas pero depredadoras, que cada vez son menos pero más poderosos y que con sus donaciones y agrupaciones controlan a los políticos de uso.

En un país que es el almacén más grande de cultura que ha dado la humanidad, un imperio que a pesar de las quejas de los candidatos sigue siendo el más poderoso del mundo y que a pesar de todo se ha ido recuperando de nuevo, si bien a paso lento, los partidos dominantes son incapaces de sacar de sus filas un candidato atractivo. Sus más carismáticos y controversiales son: un hombre que empuja los límites de su partido y que se hizo republicano hace solamente cuatro años, quien más allá de su despreciable xenofobia, que puede no sea más que un acto de vodevil, es casi tan liberal como un demócrata en la mayoría de sus propuestas y otro que ni siquiera es miembro del Partido Demócrata, sino que ha podido presentarse como candidato por el mismo y recibir su apoyo, por un tecnicismo.

Después de todo, no me parece tan malo que dos extremistas situados en polos opuestos, que rompen con la imagen del político tradicional, hayan llegado tan lejos, porque es hora de restaurar no la grandeza de América, sino la transparencia de las instituciones que forman la base de la democracia, un trabajo nada fácil. Lo que pasa es que me temo que a larga, otro payaso, de cualquier bando, sea elegido y el circo continúe.


Roberto Madrigal

Thursday, January 28, 2016

Dos meditaciones


Son dos libros sin relación aparente. Uno, Tumulto, son las memorias y reflexiones de un octogenario escritor, que una vez fuera protagonista marginal de las revueltas de los años sesenta, pero que ahora se presenta como un hombre sin dogmas y desencantado, el otro, Notas al total, es la obra de un hombre a mitad del camino de su vida, en plenos desarrollo de su potencial literario, que reúne reseñas sobre lecturas, ensayos y notas de viaje hacia un mundo nuevo para él.

Hans Magnus Enzensberger y Gerardo Fernández Fe no pueden ser más distintos, aunque ambos están bien afincados, como lectores y escritores, en lo más tradicional de la cultura occidental. Lo muestran sus referentes. Fernández Fe ha leído a Enzensberger, de hecho, lo cita en su libro como entre “la enorme lista de fellow travellers…que desembarcaron en la isla para constatar por cuenta propia los entresijos de la Revolución…” La isla, por supuesto, es Cuba y es uno de los puntos de contacto entre ambos. No sé si Enzensberger ha leído a Fernández Fe, no consta.

Ambos son textos en los cuales el ensayo se mezcla con la narrativa. Enzensberger juega con la memoria para parecer difuso, mientras Fernández Fe es acucioso. Pero es quizá, aparte de su escritura cosmopolita, La Habana de finales de los sesenta lo que emparenta ambas obras.

Entre sus memorias sobre Alemania, los grupos extremistas, sus experiencias en la Unión Soviética y sus contactos con los intelectuales de la antigua Europa sovietizada, Enzensberger dedica la mayor parte de su texto a sus memorias de La Habana, principalmente entre las páginas 119 y 205. Fue la ciudad en la cual, tras visitas anteriores, vivió entre 1968 y 1969. Ha escrito sobre Cuba en otros textos, como El interrogatorio de La Habana, pero en Tumulto lo hace de manera más personal.

Enzensberger confiesa haber ido a La Habana porque “Aquello tenía mucho encanto. Al fin y al cabo, la Revolución cubana no había sido importada con la ayuda de los tanques rusos…Tuve la impresión de que la mayoría de la gente en las calles…la celebraba”. Pero más adelante pinta un cuadro desolador de la ciudad: “La Habana es decadente en el peor sentido de la palabra, se resquebraja, está podrida, carcomida. Con sus solares, el casco antiguo parece un gigantesco hormiguero…En los patios, tristes palmeras languidecen al lado de cuchitriles decrépitos al lado de váteres y lavaderos compartidos por cien familias”.

De Fidel Castro dice, a raíz de un muy montado juego informal de baloncesto: “Fidel es como un jefe de forajidos, los miembros de la cuadrilla ejercen de cortesanos. Robin de los bosques jugando al baloncesto…vence siempre para los pobres y los desposeídos”.

Después cuando narra de su mudanza a un apartamento en la calle de 10 de Miramar, donde vivió con una de sus esposas, la rusa Masha, de la cual se han contado miles de leyendas y escapadas eróticas habaneras, ofrece un paisaje desolador de los escritores cubanos con quienes compartió y a los cuales se propuso matarles el hambre: “se empezó a agasajar a los amigos con convites. Estuvieron Virgilio Piñera, el autor de teatro al cual la Unión de Escritores había dejado fuera del juego, y el escritor y etnólogo Miguel Barnet, que podía viajar al extranjero cada vez que quería. Pero sobre todo, pudimos abastecer de sus añorados Partagás y Montecristo a José Lezama Lima, el orondo grand old man de la literatura cubana…Nuestro huésped preferido era Heberto Padilla”. Todo esto rodeado de agentes de la seguridad del estado que lo visitaban con frecuencia.

Fernández Fe no había nacido cuando Enzensberger ya se había marchado de Cuba como persona non grata. Pero como dije antes, en una reseña que le hice a su novela El último día del estornino,  tiene la capacidad “de relatar con autenticidad a los personajes que deambulaban en las noches de finales de los sesenta y hasta mediados de los setenta por el parque de la funeraria Rivero, en los cuales incluye a Benjamín Ferrera, Cachimba, Magallanes, Nicolás Lara, Sakuntala, Manolito Profundo y Ponciano, entre otros, todos personajes de carne y hueso, así como algunos sucesos de la época, como la abortada manifestación ante la embajada checa en La Habana en protesta por la invasión soviética, y cuya veracidad puedo atestiguar…”

En este libro, lleno de notas sobre escritores y artistas de diversos orígenes, como Jan Sudek, Mijail Bulgákov y Walter benjamín, y ciudades como Praga, Quito y Nueva York, entre otras, así como entrevistas y notas sobre escritores y artistas cubanos, como Rank Uiller, Roberto Friol, José Kozer, Angel Escobar y Néstor Díaz de Villegas, que habitan en la semioscuridad de no haber sido ungidos por los burócratas culturales de los últimos cincuenta años o por estar exilados, también, en su excelente ensayo sobre Sergio Pitol, que cubre de la página 171 a la 228, recorre pasajes de La Habana de los cincuenta y sesenta con, entre otras cosas, oportunas citas del mejicano Jaime García Terrés y su trabajo “Diario de un escritor en La Habana”.

Todos sus ensayos, y su diario de notas durante su estancia en Quito, son de interés, pero el tratado sobre Pitol se destaca como la médula del libro porque Fernández Fe logra que en algunos momentos, su prosa se confunda con la de Pitol. Un recurso que funciona con naturalidad discursiva.

Enzensberger envuelve su obra como un diálogo novelado, lleno de reflexiones entre el Enzensberger joven y el octogenario. Fernández Fe usa la introspección como método preferido. Enzensberger (Alemania 1929) y Fernández Fe (Cuba 1971), se enlazan en estos textos, entre otras cosas, no solo por la calidad y el refinamiento de su escritura, sino además, por la memoria de una ciudad que ambos han abandonado físicamente, pero nunca mentalmente.

Tumulto. Hans Magnus Enzensberger. Malpaso Ediciones, Barcelona 2015. 248 páginas
Notas al total. Gerardo Fernández Fe. Editorial Bokeh, 2015. 369 páginas.


Roberto Madrigal